EGIPTO: TURISMO, HISTORIA Y REALIDAD.
POR QUÉ, CÓMO Y CUÁNDO VIAJAR A EGIPTO.
Escrito por Teresa Soria Trastoy.
“María, he estado hablando con Juan y Yolanda, ¡el año
que viene nos vamos a Egipto de vacaciones!”. Y María,
después de asentir, se pregunta: “De vacaciones, sí, pero
¿en verano, en Semana Santa...?. Egipto es muy grande, a mí
me gustaría hacer un crucero por el Nilo, he oído hablar muy
bien de ellos, pero con lo aventurero que me ha salido mi
marido ¿me tendrá todo el día en el desierto y corriendo de
tumba en tumba?. Bueno esperaremos a que llegue el momento”.
Quién no se ha hecho todas estas preguntas y más antes de
emprender un viaje a Egipto: cuál es la mejor temporada para
visitarlo, si merece la pena hacer un recorrido por Egipto
en un crucero o visitar tan sólo una o dos ciudades
emblemáticas, si decantarse por un viaje organizado o
hacerlo por cuenta y riesgo de cada cual y, en este último
caso, cómo desenvolverse una vez en el país de destino.
Y tienen “fácil” respuesta; tan sólo hay que tener en cuenta
qué es lo que cada uno espera de su viaje a Egipto, es
decir, cuáles son nuestras expectativas y, esencialmente, si
queremos tomárnoslo como un viaje cultural o uno de placer.
Las dos opciones son válidas y en los dos supuestos puede
hacerse un viaje a Egipto tan excepcional, que volveremos a
España convertidos en unos auténticos egiptomaníacos,
deseando regresar lo más pronto posible a la tierra de los
faraones
Vamos a ponernos ahora en la piel de aquél que no haya
viajado nunca a Egipto, como era el caso de María y su
esposo. Tras varias estancias en ese entrañable país te das
cuenta de que lo mejor que has podido hacer en tu primer
encuentro con “el don del Nilo” es conocerlo en uno de esos
maravillosos y románticos, por qué no, cruceros. Tanto si
uno se decide por la opción de recorrer el río de Norte a
Sur (Luxor-Asuán), como si lo hace desde el Sur hasta el
Norte, e incluso si lo combina con el bien conocido crucero
por el Lago Nasser, con total seguridad quedará impregnado
de la cultura e historia del Egipto faraónico, visitando los
monumentos más emblemáticos pertenecientes a esta antigua
civilización. Visitas a las sempiternas Pirámides de Giza,
las Tumbas de Saqqara, El Valle de los Reyes y de las
Reinas, los majestuosos y colosales Templos de Karnak, Luxor
y Medinet Habu, o el Templo de Kom-Ombo podrán muy bien
conjugarse con un refrescante baño en la piscina del barco
mientras nos tomamos un tentempié y un cocktail sin alcohol
(lo cual no significa que no pueda beberse alcohol, sino que
seguro que nos quita más la sed), admirando en la terraza
las orillas del Nilo.
La “clase de historia” que nos proporcionará el guía local y
las visitas a tempranas horas de la mañana darán paso a
momentos de verdadera paz, tan sólo quebrados por los
sonidos emitidos por las aves que se acercan a las orillas
del Nilo y los niños que, desde las mismas, gritan a los
pasajeros ¡Aló, Aló...!, quedándose encantados con un saludo
que les prodiguemos desde nuestra hamaca de la terraza del
barco. El contraste entre el desierto y la estrecha franja
de tierra fértil a ambos lados del Nilo, se hace más
palpable cuando lo vemos desde lugar tan privilegiado.
Mientras tanto, ante nuestros ojos, aparecen como fantasmas
del pasado viviendas que no sólo recuerdan a las utilizadas
por los antiguos pobladores del Nilo, sino que son idénticas
a ellas. Las costumbres de niños y mayores tampoco han
cambiado mucho en más de cinco mil años de Historia: las
mujeres friegan los “cacharros” de la cocina en las orillas
del río, mientras los niños se dan un chapuzón; los hombres
trabajan en los campos con herramientas muy similares a las
utilizadas en el Antiguo Egipto para el arado y otras
labores agrícolas, y el antiguo “shaduf” continúa siendo el
método más útil para obtener el agua del río, a pesar de que
en zonas más pobladas se haga uso de la bomba eléctrica.
Por tanto, los cruceros tienen varias ventajas para aquéllos
que no han visitado nunca Egipto por las razones que antes
he comentado y hasta por comodidad, si lo que queremos es no
complicarnos demasiado la vida: En primer lugar y como
decíamos, se ven en un solo viaje los monumentos más
característicos. En segundo lugar, apenas tienes que
planificar tu viaje ya que la agencia es la que dispone las
visitas según el recorrido escogido por el cliente. A los
viajeros tan sólo les queda escoger entre hacer una visita o
no a Menfis, Saqqara, Abu Simbel, el Barrio Copto y la
Ciudadela o decidir si verán o no el espectáculo de luz y
sonido de la Meseta de Giza, del Templo de Luxor, Karnak o
decantarse por el Templo de File o Abú Simbel. En tercer
lugar, seguro que se saca más tiempo para compras y poder
volver con magníficos “souvenirs” para amigos y familiares.
Pensemos ahora en la mejor época para viajar a Egipto. En
Egipto hace calor, sí, pero la climatología varía del norte
al sur del país, al igual que ocurre en el nuestro. En El
Cairo y toda la zona Norte, aunque no lo parezca, durante la
Semana Santa y cuando madrugamos para hacer las visitas
correspondientes es más que probable que necesitemos un
jersey, aunque después nos sobrará. El centro y sur de
Egipto es bastante más caluroso, especialmente cuanto más al
sur vayamos y, sobre todo, en la zona de Abu Simbel, en
donde la humedad hace que nos resintamos más del calor. Sin
embargo no hay mucha diferencia del clima al que estamos
acostumbrados en el sur de España.
Lo que sí es verdad es que en Agosto hace mucho calor en
Egipto, pero probad a pasar este mismo mes en Sevilla... me
quedo con Egipto. La mejor época, en cuanto a la
climatología se refiere son los meses de septiembre y
octubre y los meses de marzo hasta mayo. En cuanto a turismo
masivo, es en Agosto cuando más gente nos encontramos, sobre
todo españoles, quizá, porque a pesar de que vayamos
modificando ciertas costumbres, todavía hay muchas personas
que sólo pueden coger vacaciones en esas fechas. Si tenemos
en cuenta el tema de la duración del día para poder
aprovechar el viaje al máximo, entonces la mejor época para
viajar a Egipto es desde abril-mayo hasta mediados de
octubre. Este último punto hay que tenerlo muy en cuenta
cuando se viaja por cuenta de cada cual, es decir, sin ir
con un viaje organizado.
Ya sabemos cuándo poder viajar y si decantarnos o no por un
crucero que recorra el Nilo. Por mi parte recomiendo que se
contraten desde España todas las visitas posibles. No dejéis
de ir a Saqqara y a Menfis, que se suelen ofrecer como
visitas opcionales: hay muchas personas que dejan de visitar
estos enclaves por ir de compras al bazar de Khan el-Khalili,
pero para hacer compras siempre hay tiempo y, normalmente
todas las agencias dejan una tarde o un día por completo
libre en El Cairo; esas dos zonas realmente merecen la pena
y desde luego no cambiéis una visita a las tumbas de Ti,
Mereruka o Kagemni y el interior de la pirámide de Teti, por
comprar cualquier objeto que más tarde podrá adquirirse.
Tanto vayamos por nuestra cuenta como en un viaje
organizado, los días que estaremos en El Cairo pueden
aprovecharse al máximo si nos movemos nosotros solos
independientemente del grupo. Tanto las horas que sobren del
día después de las visitas correspondientes, así como el día
libre de que dispongamos, son buenos momentos para conocer
esta impresionante y contradictoria ciudad. No os dejéis
engañar o manipular por ciertos guías que aún al día de hoy
amedrantan a su grupo turístico diciendo que no es seguro
salir sólo del hotel; sus intenciones no son otras que
evitar que conozcáis los precios reales que se manejan en
Egipto y que dependáis de él para todo, hasta para comprar,
de manera que podrán seguir cobrando las comisiones que les
corresponda por todos los lugares a los que os acerque,
especialmente si es para hacer compras.
Salid del hotel, coged un taxi, charlar con la gente que os
vayáis encontrando, permitid que el taxista os invite a un
cigarro, probad los restaurantes egipcios no turísticos y la
excelente cocina egipcia, incluso la de los “chiringuitos”
de la calle y nos os vayáis de Egipto sin haberos fumado una
“shisha” (probadla con tabaco de manzana, aunque no fuméis,
es una experiencia inolvidable).
Callejeando os sorprenderá todo lo que veáis: El Cairo es
una ciudad increíble en todos los aspectos, una locura
controlada. Aquí se entremezclan las mansiones y magníficos
palacios con los barrios más humildes; los comercios más
“in” a nivel internacional y los concesionarios de vehículos
de las marcas más cotizadas, con las tiendas más antiguas y
con carnicerías que aún continúan con la tradición de colgar
sus piezas de carne en la puerta, a la vista de insectos
voladores y viandantes.
Y, si hemos comenzado nuestro viaje por el sur, cuando
estemos en El Cairo y, después de haber visitado las
increíbles Pirámides de la Meseta de Guiza, que nos dejarán
atónitos, tan sólo nos quedarán unos pocos días para
disfrutar del maravilloso Egipto, y es ese momento en el que
empezaremos a echar de menos todo lo que hasta ese momento
hemos vivido y visitado: la tranquilidad y el romanticismo
de aquél paseo en faluca en Asuán, alrededor de la Isla
Elefantina, en donde el casi imperceptible aire se deslizaba
por las velas de tan antiguas embarcaciones; las dos orillas
del Nilo, la occidental con sus colinas en donde eran
enterrados nobles y plebeyos y en donde el color verde no es
más que una estrecha hilera que recorre la ribera del río, y
la oriental en donde la vida emerge de la fertilidad
proporcionada en la antigüedad por el limo proveniente del
dador de vida, nuestro Nilo.
Recordaremos la suntuosa Tebas con sus esplendorosos
templos: el Templo de Luxor, con sus magníficos colosos en
la entrada representando al rey de reyes, Ramsés II o la las
atrevidas columnas de gigantescas proporciones de la sala
hipóstila del Templo de Karnak que se alzan majestuosas
hacia un hoy invisible techo pareciendo rozar el cielo. Las
tumbas de todos aquéllos faraones del Imperio Nuevo, que
como verdaderos dioses que eran se procuraron una morada
excepcional para su vida en el Más Allá, igual que sus
reinas y los hijos de éstos, maravillas de riqueza y
cualidad artística donde las halla. Y aquél calendario que
vimos en el Templo de Kom Ombo..., los antiguos egipcios
sabían lo que hacían, realmente era una civilización
sorprendente. Y el Templo de Abú Simbel, una obra faraónica
y no sólo de tiempos de Ramsés II si nos acordamos de la
cúpula artificial en la que se sostiene tras su traslado
para prevenir que fuese inundado al construir la presa de
Asuán.
Todo un verdadero recorrido por más de cinco mil años de
Historia y una inigualable oportunidad de conocer gentes
maravillosas, que tienen mucho, muchísimo por contar.
Y María escucha la voz de su marido: “El año que viene
volvemos, pero esta vez lo haremos nosotros solos, para
conocer todo lo que nos falta de ver y poder disfrutar del
verdadero Egipto”.
